Por María Gracia Inzaurraga
En la esquina de Humberto Primo y Defensa, en el atractivo barrio de San Telmo, los años 80 nos supieron regalar un icónico lugar de encuentro para los que amábamos la bohemia bonaerense, la cerveza acompañada de maní y lo chic del lugar, que es lo que recuerdo…

Durante muchos años esa esquina perdida en el tiempo nos daba nostalgia y, en cada paseo, sus ventanas tapiadas hablaban de un “nunca más”… El que lo supo disfrutar lo entenderá.
Pero, como todo lo bueno a veces vuelve, “El Plaza Dorrego Bar” reabrió casi intacto como lo recordaba, con su barra atestada de firmas, corazones y dedicatorias de comensales que juraron volver.

Dentro, el boliche atesora fotos de una época literaria única, donde Borges y Sabato reiniciaban su amistad luego de años de no cruzar palabra.

Su caja registradora en su gran barra tiene pintada la edad del bar: “1880”, lo que hace que sea uno de los más antiguos de la ciudad.




La puesta a punto de este gran coloso de San Telmo habla de la importancia que esta bellísima ciudad da a su patrimonio.
Algo para admirar y pensar…